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miércoles, 18 de julio de 2012

Hiroshima, Por Dios ¿Qué hemos hecho? 01


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La era atómica nació el 16 de julio de 1945, cuando un dispositivo con  explosivo de alto rendimiento por implosión o explosión y una potencia de  20 kilotones de TNT fue detonada al sureste del  desierto de Nuevo México. La explosión fue tan brutal que el físico y testigo de cargo, J. Robert Oppenheimer, dijo: "Ahora me he convertido en la Muerte, el destructor de mundos”  Intento paralizar aquello o que, al menos, no progresara sin éxito. Si el pobre indefenso no busca la muerte, la muerte le busca a él.

Justo, 20 días después, las fuerzas estadounidenses lanzaron bombas atómicas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, matando a decenas de miles de hombres, mujeres y niños en un instante. No saciados de la barbaridad, también acompañaron las bombas con sustancias químicas para que los posteriores efectos radiactivos masacraran a los pobres inocentes que ni sabían si había o dónde era la guerra.  VER FOTOS.  Siguiente foto.
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Cuando el comandante de la aeronave ENOLA,  el coronel, Paul Tibbets miró a tierra, dijo: Dios mío, ¿Qué hemos hecho? Los historiadores califican estas palabras más de carnicero saciado que  de genocida  arrepentido. Murió RICO en 2007.                                                                                                  Siguiente, Next 2/17








                                                               
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La era atómica nació el 16 de julio de 1945, cuando un dispositivo con  explosivo de alto rendimiento por implosión o explosión y una potencia de  20 kilotones de TNT fue detonada al sureste del  desierto de Nuevo México. La explosión fue tan brutal que el físico y testigo de cargo, J. Robert Oppenheimer, dijo: "Ahora me he convertido en la Muerte, el destructor de mundos”  Intento paralizar aquello o que, al menos, no progresara sin éxito. Si el pobre indefenso no busca la muerte, la muerte le busca a él.

20 días después, las fuerzas estadounidenses lanzaron bombas atómicas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, matando a decenas de miles de hombres, mujeres y niños en un instante. No saciados de la barbaridad, también acompañaron las bombas con sustancias químicas para que los posteriores efectos radiactivos masacraran a los pobres inocentes que ni sabían si había o dónde era la guerra.  VER FOTOS.  Siguiente foto.
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Cuando el comandante de la aeronave ENOLA,  el coronel, Paul Tibbets miró a tierra, dijo: Dios mío, ¿Qué hemos hecho? Los historiadores califican estas palabras más de carnicero que de arrepentido.
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