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domingo, 16 de julio de 2017

Hasta la legendaria tumba de Jonás -el de la ballena- han volado los yihadistas y vienen para España en patera de 4 motores.


La legendaria tumba de Jonás, el de la ballena, se encontraba en Mosul, Irak, se encontraba la legendaria tumba de Jonás, La albergaba una iglesia cristiana de rito asirio, luego convertida en mezquita. El sepulcro lo cubrían suntuosas alfombras persas ribeteadas con hilo de plata. Incluso se conservaba, como reliquia, uno de los dientes de la famosa ballena, y que hay que suponer que Jonás se había llevado consigo como si fuese el ratoncito Pérez. Así que, de querer darle base científica a la leyenda, habría que suponer que el monstruo era un cachalote, porque las ballenas no tienen dientes.

Hablo en pasado, porque ni mezquita ni sepulcro ni alfombra ni diente existen ya. Lo volaron todo con explosivos los hombres del Estado Islámico, siguiendo su costumbre de destruir lo que ellos consideran ídolos que incitan al paganismo y a la ignorancia. Curiosa idea esta de que la belleza es barbarie y la barbarie, belleza. Curiosa, pero no infrecuente. El caso es que ahora los soldados iraquíes y los guerrilleros kurdos que terminaron de tomar esta semana Mosul se han encontrado con que ya solo se sostienen parte de las fachadas exteriores, como un decorado de teatro. En el interior no hay más que una pila de escombros. Es como si al edificio, y a la leyenda que contaba, le hubiesen extraído las entrañas para disecarlo como a un búho.


Queremos creer que el Estado Islámico cayó sobre Mosul como una maldición inesperada, pero por desgracia no es así. Los propios vecinos no tienen inconveniente en reconocer que la mayor parte de la población recibió a los hombres del Califato con los brazos abiertos. Algunos lo hicieron por pragmatismo o por resignación; otros porque realmente creyeron que lo que traían estos guerreros del desierto era una utopía de la virtud. Naturalmente, enseguida empezaron las delaciones, las detenciones arbitrarias, los latigazos por escuchar música, las ejecuciones, la prohibición de que las niñas fuesen a la escuela, la obligación (para los hombres) de llevar la barba de una longitud determinada y la prohibición (para las mujeres) de mostrar el rostro o incluso las manos en público. Los que habían aplaudido a los radicales se engañaron a sí mismos pensando que los yihadistas habían cambiado, cuando la realidad es que no hacían sino cumplir lo que habían prometido: una ciudad gobernada exclusivamente por la virtud. 

El problema es que la virtud en estado puro, sin disolverla convenientemente, constituye un potente tóxico. Para cuando muchos se dieron cuenta, era ya demasiado tarde. Más que destruir la tumba de Jonás, se puede decir que los hombres del Estado Islámico la extendieron a toda la ciudad, porque el conjunto de Mosul se convirtió en una tumba, y la historia que contaba seguía siendo parecida. Como se sabe, en los libros antiguos Dios envía a Jonás a predicar a la ciudad de Mosul, pero él se echa atrás en el último momento y se embarca para poner mar por medio. 

Los marineros lo tiran por la borda porque creen que es el culpable de una tormenta. Entonces un pez gigante -la Biblia no específica que fuese una ballena- se lo traga de un bocado, y allí permanece durante tres días con sus noches. No es exactamente que las leyendas no existan. El mito es lo que nunca fue y siempre será. Como Jonás, Mosul también ha permanecido durante tres años con sus noches en el vientre de la ballena. Finalmente, el pez monstruoso ha abierto la boca y, dolorosamente, sus habitantes van saliendo de su vientre, por entre los dientes afilados, deslumbrados por la luz del día.
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